Si te vas

Si te vas no volverán tus cantos,

que las noches ya no nos oyen, 

que el hastío innombrable enmudece,

que nos programa en secuencias, 

cansancio que no se define,

que está silvestre y abandonado 

a la crueldad de la nada.

De qué se sustenta el estallido de tu risa

si se apaga tu boca que antes fue hoguera,

si el tedio cubrió de pétalos sin vida

el lecho donde tus pasos jugaban, saltando

los océanos que cubrían nuestros mundos azules.

Yo, que vivo soñando tus sueños rotos

como  bucles de acero interminables,

yo que te pido que no te vayas,

que no me achiques el cielo, que no te rindas,

que no rompas con violencia las horas,

que el tiempo se suspende en mis ojos 

y sale como río que arrasa en la cara;

yo me iría después de ti, 

caminando a través del olvido.  

Las hojas

No más distancias,

no más dudas como sombras

de árboles tendidas en el camino.

Has de saber, yo he de contarte

como duermen los pájaros en el cielo, como quiebra la espera,

como rompe el silencio en el aire.

Tú sabrás venir cuando se apaguen
las tardes, tú y la plenitud de tus abrazos, con el sosiego de quien cuenta las hojas que se desprenden de las ramas.

Las almas que aman

Tienes los sueños en la mirada, y mi amor entero, y los cantos de los pájaros.

Transitas por el camino del tiempo, sin miedos ni culpas, con lo que se fugó de nuestras manos, con lo que idolatró el destino.

El cielo se quiebra en llanto, le duele la lluvia de blasfemias que le imputan temerarios e impíos.

Ya nada importaría si se marcha la ilusión, pero tienes la esperanza tatuada en el pecho, y en los labios la razón de la vida, la confianza, la ley, y nuestra fe, la única que conocemos, la que alimenta a las almas que aman.

El secreto

Te conviertes una vez más en el secreto que mis labios guardan, en la melodía que acompaña a tus tiempos, en el ritmo que acompasa a tus piernas.

Yo aprieto tus manos y te pertenezco.

Retorno para esperar que traspases la tarde llena de sonidos ajenos, de perfumes que envuelven a tu cuerpo. Tu tacto en el relieve más profundo, donde juegan tus dedos, donde te besa el alma el camino, la avenida del querer cotidiano transitas, y en cada esquina te imagino y en todas tus fugas te retengo.

Memoria

Vienes descalza, como los pasos que traen a la madrugada. Vestida de deseo, con la luz en las pupilas, con el alma franca sobre la piel desnuda.

Torrente que se ahoga en mi boca. Mi mirada le hace un nido a la tuya, te guardo los instantes, las horas, el olvido que se retracta y se desdice; y la memoria más larga, la que se prolonga en tus palabras.

Se unen

Se unen los tiempos, las lunas de todas tus noches, el viento marca los trazos de tu cabello.

Pienso en tus sueños y me pierdo en ellos, como un marinero que se diluye en el azul de las tristezas. Me tienta la duda que nunca es infinita porque termina en el color de tus espesuras; eres un bosque lleno de vida y soledades, una casa deshabitada del vacío que corroe, que nubla la mirada.

Se unen tus abrazos a mi sombra, es tan quieto el destierro, que nace y muere en tu regazo.

Sombras

Se fue tu sombra con mi sombra, tu risa arrastró a mi llanto, fui rodando hasta golpear tu recuerdo inacabable.

Vivir es caminar sobre tus huellas, trasladar el espíritu por las elongaciones de tu ser

desnudo, morir y nacer entre los espacios de tu ausencia.

Calla el silencio mi boca, me besan las fisuras del momento

eterno, por donde transmigran infinitas existencias y donde tu voz apaga con gritos las luces del alma, extraña forma de decir que no me escuchas.

Saltan de miedo las horas que dejaste suspendidas sobre la cama, donde me hechizan tus preguntas sin respuestas.

Te veo, me ves, y nos abrazamos, en algún lugar escondido de la vasta memoria.