Vaivén

Llegarás con la fuga de la sombra que cohabita en la ciudad, contra el reloj, a pesar de los desdibujados seres nacidos de edificios que imprime el cielo sobre el asfalto.

Te irás como una línea constante que se alarga sobre las pasiones, sobre los seres que deja tu estela de estaciones de fuego, de calor sofocante, de clima ardiente.

Tu vaivén me condiciona los sueños, me alerta del futuro que duerme hasta que las vidas con impaciencia lo despierten de su enigma condenado a revelarse.

Vienes, vas, describiendo las más intrincadas rutas, trayectorias de lluvia y viento.

Ahora vas, te alejas del miedo a no temer, a no lloras…

No me busques más, allá, donde el mundo es vacuo y gira vacío, buscame en tu alma escindida, en tus grietas, cuando regreses, si todavía te espero.

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Te llama

En el espacio nocturno que ve trasnochar al recuerdo, eres el vacío que lo llena todo.

El principio de múltiples destinos que el origen hizo renacer tantas veces, la calma que se revela insurgente ante la justicia de los instantes.

Me miento con descaro, irrespeto a los momentos que salpica tu andar por la lluvia que anega mi corazón con las palabras que creaste cuando partiste. Unos brazos te reclaman, un silencio te llama.

Siento

Siento despierto el sentimiento que sueña tu anhelo, que convierte tus ilusiones caídas en aves de fuego.

El mito que trocaste por el culmen de tus verdades indiscutibles e identitarias.

Sacaste de las cumbres de las dudas a la incertidumbre, para hundirla hasta la infinitud de la sima más oscura, hasta la muerte de sus vidas miserables.

Siento a tu corazón en medio del camino que me lleva a rodar por tus venas para besar todos los pliegues que forman esperanzas de vida plena.

Siento que quieres querer, que amas al color de las emociones blandas y puras, que eres una luz que está en mis ojos, que brilla en el sonido que escucha tu voz, y que nunca se extingue, que nunca se apaga.

Nacer

Eres el sabor que me ata a un beso en las noches de luna.

Satélite plateado que eclipsas con los ojos, atrapas su luz silente y embriagadora; eres más que los astros y sus trazos largos que recorren tus piernas perfectas, sobre puentes de filamentos infinitos, hasta el firmamento que forjan al unísono las galaxias.

Por eso te dibujan las estrellas, y las luciérnagas son constelaciones, en los nocturnos pasajes en los que me haces nacer y ser.

La amaba

Se fue tornando infinita,

se fue alargando su partida,

su sempiterno viaje de ida,

la prolongación que me hiere se eterniza.

Se fue marchando el silencio,

junto con la vorágine despierto,

sueño, para aferrarme al destierro,

de los cielos que en mi suelo entierro.

El susurro de sus abismos viajaba en su risa

soplaba el recuerdo, desnudo entre caricias,

la amaba con la misma fuerza que hoy hace trizas,

la esperanza de que nazca, del azul su venida.

Lleno de ti

Ven y recorre mi alma con tus pies descalzos, con la levedad de tu desnudez, con la gravedad de tus caricias, que me empapan con sus cascadas, con sus afluentes.

Ven y llena mis brazos, ocupa los días de todos tus recuerdos, vive como el alma que aparece con la luz de tu presencia, que inicia mi existir con la chispa de la primera esencia de todas las vidas, de todas las historias.

Ven y hazme regresar de la fuga de los sonidos, de la partida de mis viajes, que ya no requiero más que anidar en tu deseo y morir mil veces lleno de ti.

No sabría

Las noches son los días en tu mirada, se encienden soles en tus ojos… No distingo si es medianoche o mediodía. Tu fuego es luz que reinicia la inmensidad en tu negra cabellera que se extiende en lugar de la madrugada, para acabar en lo eterno de un beso que prueba la magia de tu desnudez, de ese sabor que lleva tu nombre.

Mi canto

Yaces como las playas blancas de tanta espuma,
de olas cálidas, que juegan como niños del océano
más profundo, de ese que se pierde en una de tus miradas.
Esperas como la nada al universo, como la estrella a los milenios, y tan velozmente te vuelves eterna, como la música que armoniza todo lo ostensible, todo lo escondido.
Me das las razones por las que te tengo en el alma, no terminas de enseñarme, mi maestra, mi escuela, mi canto al sol, mi delirio en luna llena.