Las almas que aman

Tienes los sueños en la mirada, y mi amor entero, y los cantos de los pájaros.

Transitas por el camino del tiempo, sin miedos ni culpas, con lo que se fugó de nuestras manos, con lo que idolatró el destino.

El cielo se quiebra en llanto, le duele la lluvia de blasfemias que le imputan temerarios e impíos.

Ya nada importaría si se marcha la ilusión, pero tienes la esperanza tatuada en el pecho, y en los labios la razón de la vida, la confianza, la ley, y nuestra fe, la única que conocemos, la que alimenta a las almas que aman.

El secreto

Te conviertes una vez más en el secreto que mis labios guardan, en la melodía que acompaña a tus tiempos, en el ritmo que acompasa a tus piernas.

Yo aprieto tus manos y te pertenezco.

Retorno para esperar que traspases la tarde llena de sonidos ajenos, de perfumes que envuelven a tu cuerpo. Tu tacto en el relieve más profundo, donde juegan tus dedos, donde te besa el alma el camino, la avenida del querer cotidiano transitas, y en cada esquina te imagino y en todas tus fugas te retengo.

El olvido y la memoria

Vienes descalza, como los pasos que traen a la madrugada. Vestida de deseo, con la luz en las pupilas, con el alma franca sobre la piel desnuda.

Torrente que se ahoga en mi boca. Mi mirada le hace un nido a la tuya, y te guardo los instantes, las horas, el olvido que se alarga y la memoria.

Se unen

Se unen los tiempos, las lunas de todas tus noches, el viento marca los trazos de tu cabello.

Pienso en tus sueños y me pierdo en ellos, como un marinero que se diluye en el azul de las tristezas. Me tienta la duda que nunca es infinita porque termina en el color de tus espesuras; eres un bosque lleno de vida y soledades, una casa deshabitada del vacío que corroe, que nubla la mirada.

Se unen tus abrazos a mi sombra, es tan quieto el destierro, que nace y muere en tu regazo.

Sombras

Se fue tu sombra con mi sombra, tu risa arrastró a mi llanto, fui rodando hasta golpear tu recuerdo inacabable.

Vivir es caminar sobre tus huellas, trasladar el espíritu por las elongaciones de tu ser

desnudo, morir y nacer entre los espacios de tu ausencia.

Calla el silencio mi boca, me besan las fisuras del momento

eterno, por donde transmigran infinitas existencias y donde tu voz apaga con gritos las luces del alma, extraña forma de decir que no me escuchas.

Saltan de miedo las horas que dejaste suspendidas sobre la cama, donde me hechizan tus preguntas sin respuestas.

Te veo, me ves, y nos abrazamos, en algún lugar escondido de la vasta memoria.

El poeta

Grande es el poeta

que aun con las manos atadas,

escribe versos que derriban

murallas.

Extiende el alma en cada palabra, como puentes que unen las más remotas distancias.

Su puño se quiebra pero su voz se alarga.

Grande su verso afligido, con mirada de esperanza.

Vaivén

Llegarás con la fuga de la sombra que cohabita en la ciudad, contra el reloj, a pesar de los desdibujados seres nacidos de edificios que imprime el cielo sobre el asfalto.

Te irás como una línea constante que se alarga sobre las pasiones, sobre los seres que deja tu estela de estaciones de fuego, de calor sofocante, de clima ardiente.

Tu vaivén me condiciona los sueños, me alerta del futuro que duerme hasta que las vidas con impaciencia lo despierten de su enigma condenado a revelarse.

Vienes, vas, describiendo las más intrincadas rutas, trayectorias de lluvia y viento.

Ahora vas, te alejas del miedo a no temer, a no llorar…

No me busques más, allá, donde el mundo es vacuo y gira vacío, buscame en tu alma escindida, en tus grietas, cuando regreses, si todavía te espero.

Te llama

En el espacio nocturno que ve trasnochar al recuerdo, eres el vacío que lo llena todo.

El principio de múltiples destinos que el origen hizo renacer tantas veces, la calma que se revela insurgente ante la justicia de los instantes.

Me miento con descaro, irrespeto a los momentos que salpica tu andar por la lluvia que anega mi corazón con las palabras que creaste cuando partiste. Unos brazos te reclaman, un silencio te llama.

Siento

Siento despierto el sentimiento que sueña tu anhelo, que convierte tus ilusiones caídas en aves de fuego.

El mito que trocaste por el culmen de tus verdades indiscutibles e identitarias.

Sacaste de las cumbres de las dudas a la incertidumbre, para hundirla hasta la infinitud de la sima más oscura, hasta la muerte de sus vidas miserables.

Siento a tu corazón en medio del camino que me lleva a rodar por tus venas para besar todos los pliegues que forman esperanzas de vida plena.

Siento que quieres querer, que amas al color de las emociones blandas y puras, que eres una luz que está en mis ojos, que brilla en el sonido que escucha tu voz, y que nunca se extingue, que nunca se apaga.

Nacer

Eres el sabor que me ata a un beso en las noches de luna.

Satélite plateado que eclipsas con los ojos, atrapas su luz silente y embriagadora; eres más que los astros y sus trazos largos que recorren tus piernas perfectas, sobre puentes de filamentos infinitos, hasta el firmamento que forjan al unísono las galaxias.

Por eso te dibujan las estrellas, y las luciérnagas son constelaciones, en los nocturnos pasajes en los que me haces nacer y ser.